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Bobby Fischer: genio incomprendido
Enviado en: 25-05-2017
Bobby Fischer: genio incomprendido
Por Javier Vargas Pereira

 

Robert James Fischer es uno de los jugadores más brillantes y polémicos de la historia del ajedrez. En su juego combinaba la lógica de Morphy y la profundidad de Alekhine; la precisión de Capablanca y la fuerza de Botvinnik; la audacia de Euwe y la solidez de Petrosian. En 1972 se coronó Campeón mundial al imponerse al ruso Boris Spassky en el llamado match del siglo. Sin embargo, luego de un silencio de casi 20 años, en 1992 se convirtió en un “fuera de la ley” para su natal Estados Unidos, tras jugar un match en Yugoslavia, nación que en aquella época fue embargada debido a la llamada guerra de los Balcanes. Su personalidad conflictiva, su franqueza y sobre todo su indomable rebeldía, le convirtieron en leyenda del deporte ciencia. “Existen los jugadores duros y los buenos muchachos, yo soy un jugador duro”, solía decir, y a la pregunta, ¿qué es el ajedrez? Respondió: “es la vida”.

 

Robert James Fischer nació en Chicago el 9 de marzo de 1943. Fue hijo natural del húngaro Paul Nemenyi y de la estadounidense de origen suizo, Regina Wender. Poco después de nacer, el físico alemán Gerhardt Fischer le dio su apellido, pero éste se separó de Regina cuando Bobby apenas tenía dos años. Posteriormente su madre se trasladó a California, Estados Unidos, luego a Arizona y después al barrio de Brooklyn, en Nueva York. Aprendió a jugar ajedrez a los 6 años. Ante la pasión y el talento mostrado por el niño, su madre lo inscribió en el Brooklyn Chess Club, donde aprendió teoría. En los siguientes tres años su habilidad para el juego se desarrolló de manera asombrosa, tanto, que fue calificado como niño prodigio. En 1958 ganó todos los torneos absolutos de Estados Unidos y obtuvo el título de gran maestro.   

 

Según quienes le conocieron, Fischer era aficionado a leer historietas de Tarzan y del pato Donald, aunque también leía libros y revistas de ajedrez y oía música pop. Siempre polémico e irreverente, sus opiniones solían causar  estupor e irritación. Por ejemplo, sobre las mujeres ajedrecistas dijo alguna vez: “Todas las mujeres son débiles. Son estúpidas en comparación con los hombres. ¿Sabe? No deberían jugar al ajedrez. Pierden cada partida en que se enfrentan con un hombre. No hay una sola jugadora en el mundo a la que no pudiera darle los caballos de ventaja, y a pesar de esto ganarle.” Y acerca de los problemas étnicos y raciales de los Estados Unidos, en 1977 opinó: “el hombre blanco debería abandonar América y volver a Europa, los negros regresar al continente africano y el país ser devuelto a los indios”. Según el comentarista Pablo E. Chacón, “el único que aplaudió estas declaraciones fue el actor Marlon Brando.”

 

Después de haberse retirado de las competencias, el año 2002 fue detenido en Japón a petición del gobierno de Estados Unidos. Luego de una serie de gestiones, por fin obtuvo salvoconducto para viajar a Islandia, nación que le otorgó asilo y la ciudadanía para que pudiera eludir una orden de extradición a su país. El enojo de las autoridades estadounidenses se explica, en parte, porque cuando se le pidió no jugar con Boris Spassky, en Yugoslavia, en conferencia de medios, ante cámaras y micrófonos, Fischer escupió y rompió el oficio en el que el Departamento de Estado le conminaba a no competir. Así, tras una intensa guerra de declaraciones, pleitos, demandas y contrademandas, por fin quedó en libertad para salir de Japón. Al salir dijo: "Esto no fue un arresto, fue un secuestro. Todo fue cocinado por George Bush (presidente de Estados Unidos en aquella época) y el primer ministro de Japón, Koizumi. Ambos son criminales de guerra y deberían ser colgados". Y al llegar a Reykiavik agregó: “Estados Unidos, controlado por los judíos, es el mal. Hablan del eje del mal ¿y los aliados del mal? ¿y Estados Unidos, Gran Bretaña, Japón, Australia y otros? Ellos son los ejes del mal.”

 

Su particular visión del mundo y sobre todo su irreflexiva franqueza, siempre le causaron problemas. El 11 de septiembre del 2001, al comentar los ataques contra las Torres gemelas de Nueva York, dijo a una radio filipina: “¡Son grandes noticias! Ya era hora de que alguien diera una patada en el trasero a los Estados Unidos. Aplaudo esta acción. Quiero ver cómo América desaparece del mapa...”

 

Sin embargo, Robert Fischer pasó a la historia por haber derrotado en 1972 al ruso Boris Spassky. El encuentro fue calificado como el match del siglo. Poco antes, Fischer había dicho: “Probablemente será el acontecimiento deportivo mayor de toda la historia... Alguien tiene que derrotarlos (a los soviéticos); yo he sido el elegido. Pienso enseñarles a tener un poco de humildad.” Tras tormentosas y prolongadas negociaciones, el match por fin se disputó en Islandia, aunque la actitud y las exigencias del retador casi provocaron la cancelación. Era la época de la guerra fría. Por eso la derrota de Spassky es considerada como el primer hito de la desintegración de la Unión Soviética. Según el “Larousse del ajedrez”, tras el desmembramiento de ésta aparecieron documentos de la KGB en los que se revela que el régimen soviético, consciente de la amenaza que representaba Fischer, pidió a los mejores jugadores que aconsejaran a Spassky sobre cómo derrotar al estadounidense. Debieron suponer que no tenían la respuesta, ya que ninguno había conseguido derrotarlo. El resultado fue 8 ½ a 12 ½ a favor de Fischer. Según los expertos, una de las claves que explican su victoria está en que en las primeras diez partidas no jugó las aperturas ni las defensas que se le conocía, y en las siguientes sorprendió a su rival con variantes agudas y de doble filo.

 

Buena parte de su irritación y amargura se debió a que pensaba que no fue tratado como merecía después que derrotó a Boris Spassky. Tras su ascenso a la cumbre, intentó imponer condiciones dignas de un campeón mundial, entre otras, que el retador tuviese que superar por dos puntos al campeón y que a éste se le remunerara de manera acorde con su condición de monarca. Por supuesto que la FIDE no aceptó (aunque años después sí concedió algunas de sus propuestas) y en 1975 fue destronado tras rehusar defender el título ante el campeón ruso Anatoli Karpov.

 

Según el libro, “Fischer contra Spassky”, de Svetozar Gligorik, a propósito del match en que derrotó a los soviéticos, Fischer se quejó: “Hasta se me postergó en mi propio país. Los estadounidenses no saben mucho de ajedrez, aunque les gustan los ganadores. Ellos escuchan a otros. Estados Unidos no es un país culto. A la gente le gusta divertirse, quiere que se le entretenga, pero no quiere trabajar mentalmente y el ajedrez es altamente intelectual. A los estadounidenses les gusta apoltronarse frente al televisor y no tener que abrir un libro...” Y por esos días, cuando el presidente Nixon lo invitó a una recepción en la Casa Blanca, respondió displicente: “no tengo tiempo para esas fruslerías.”

 

Jamás en la historia del ajedrez un match por el título había causado tanta expectación. La prensa mundial le dedicó páginas y páginas. El periódico francés “Le Figaro”, comentó: “en la Unión Soviética parecía como si se tratase de una lucha entre el bien y el mal, en la que Spassky tuviera el papel de San Jorge luchando contra el dragón.” Las grandes revistas que nunca se habían ocupado del ajedrez, publicaron extensos análisis y comentarios. En México, incluso Televisa dedicó espacios en sus noticiarios para comentar las partidas y los entretelones del duelo. En Colombia se cruzaron apuestas en dinero. Inclusive un aficionado apostó su ojo derecho, con la única exigencia de que en caso de perder se lo extrajeran “sin dolor”.

 

No obstante los conflictos, la prisión y el exilio, el genial campeón nunca se rindió. Desde su exilio en Islandia, desafió a los rusos Garri Kasparov y Anatoly Karpov a un encuentro por el título mundial en la modalidad Random, en la que se sortea la posición inicial de las piezas con el fin de eludir los conocidos sistemas de apertura y defensa. En entrevista con el semanario ruso Rodnaya Gazeta, Fischer aseguró: "Mi único y último interés en el viejo ajedrez es demostrar que el encuentro Karpov-Kasparov de 1984-85 fue un montaje preparado por el Partido Comunista Soviético y la KGB. !Y lo demostraré! Karpov y Kasparov son unos mentirosos y unos fariseos por jugar partidas amañadas. Kasparov es la personificación del mal,” agregó, y ante el anuncio de que éste ha abandonado el ajedrez para dedicarse a la política y luchar contra el presidente ruso, concluyó que: “ello es suficiente para apoyar a Putin.”

 

Según el comentarista David Levi, Bobby Fischer es probablemente el genio más incomprendido del mundo... Sus actuaciones, tanto frente al tablero como lejos de él, han llevado este juego desde las profundidades de los suplementos dominicales hasta las primeras páginas de casi todos los periódicos del mundo. Y Pablo Moran, en su libro “Bobby Fischer, su vida y partidas”, agrega: “ha hecho por el ajedrez más que todos los campeones del mundo juntos, pues ha logrado que el juego se popularice de forma jamás soñada.”


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