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El error: detectarlo y solucionarlo
Enviado en: 28-08-2017

El error: detectarlo y solucionarlo

Por Javier Vargas Pereira

En la lucha ajedrecística abundan los errores, entendidos como una anómala combinación de razonamientos, juicios o ideas; conceptos falsos que contravienen la lógica y el buen criterio; tomar una cosa por otra. Su origen suele ser una percepción deficiente, alguna imprecisión, cierta distracción momentánea o un pensamiento equivocado. Desde el punto de vista cognoscitivo, el error se diferencia de la ignorancia en que ésta es la carencia absoluta de conocimiento; aquel, en cambio, una noción, vislumbre o juicio inadecuado.

Ante el tablero, la teoría dice que hay que detectar los errores, corregirlos y aprender de ellos. Pocas actividades humanas requieren tanta atención y cuidado como el juego ciencia. Es donde la reflexión debe hacer de la verdad un resultado, aunque la posesión de lo correcto no es algo estático, sino cambiante y relativo. Como en la vida real, lo que en el tablero se tiene en algún momento por eficaz, después puede ser refutado por alguien que piensa mejor y ve (mentalmente) más lejos o a más profundidad.

En el I Ching, libro de las mutaciones, se lee: “Si quieres lograr tu meta sin errores, sé cuidadoso en cómo empiezas.” Durante la partida, cada quien yerra a su modo, lo que depende del grado de preparación, el método, el ingenio, la intuición y la experiencia adquirida.

En filosofía, se considera error cualquier forma de conocimiento que no traduzca con precisión la realidad, por lo que de su ámbito de influencia hay que liberarse de inmediato. El pensador italiano Benedetto Croce, en su libro, “Lógica, como ciencia del concepto puro,” dice: “Del círculo infernal del error no hay salida gradual, y no es posible salvarse de él sino entrando de una vez al círculo celestial de la verdad, en el cual la mente goza como en su patria. El espíritu errante, que rehúye la luz, debe convertirse en espíritu investigador y ansioso de luz.”

La teoría recomienda tomar conciencia de lo erróneo, así como de las propias carencia o limitaciones y trabajar para corregirlas. Lo negativo hay que convertirlo en positivo; lo erróneo, en certero. Sólo así es posible evitar reveses. El ex campeón mundial de ajedrez, Garry Kasparov, en su libro, Cómo la vida imita al ajedrez, plantea: “Si somos conscientes de lo negativo, de las peores posibilidades, de las crisis potenciales, podremos trabajar para eliminar esos puntos débiles al momento, y, al hacerlo, mejorará globalmente la calidad de nuestros actos. No podemos esperar que sobrevenga el desastre para producir cambios. Nuestro lema debe ser: Detectarlo y solucionarlo.” Y más adelante añade: “A nadie le gusta revivir complicados reveses, pero a la larga entenderemos que analizarlos es esencial. Descubrir los errores implícitos en nuestros éxitos es aún más difícil. Nuestro ego desea creer que hemos vencido en forma brillante frente a un duro oponente, no que hemos tenido suerte, ni que nuestro rival ha dejado pasar una serie de oportunidades, ni que las cosas podrían haber resultado de otro modo… Saber por qué ganamos es tan crucial como saber por qué perdemos; lo contrario sería desperdiciar un valioso material de análisis.”

Pero la tragedia del pensamiento humano consiste en que el acto de pensar suele ser engañoso, lo que lleva a cometer errores. El entrenador de ajedrez, Mark Dvoretsky, en su libro, Secretos del entrenamiento en ajedrez, dice: “Está claro que incluso los jugadores más fuertes no pueden disputar sus partidas sin cometer errores (quizás las computadoras puedan hacerlo algún día). Sin embargo, debemos sentirnos culpables por aquellos errores característicos que se comenten en posiciones típicas, ya que existen medios para evitarlos.” Por su parte, el maestro Richard Reti decía que había que desconfiar de las jugadas naturales, puesto que en ellas es donde más gravitan las imprecisiones y los errores. Las respuestas mecánicas, las afirmaciones categóricas, las decisiones precipitadas son traicioneras. Como en la vida, en el juego ciencia no hay que guiarse por dogmas, sino por valores y principios.

En rigor, los errores ajedrecísticos son parte del juego e inherentes a la búsqueda de lo mejor. Es sabido que uno de sus principales atractivos reside en la habilidad para detectar y aprovechar los errores del adversario. Incluso, inducirlo a que se equivoque es un recurso que consiste en realizar movimientos y maniobras complejas o dudosas, para que pierda tiempo, se confunda o tome una idea por otra.

El político inglés Winston Churchill dijo: “El éxito no es definitivo, ni el error es fatal: lo que cuenta es el coraje para seguir adelante.” A lo que Garry Kasparov, agrega: “Ese coraje puede inspirarse en la competencia o en un gran número de factores externos, pero, en último término, debe emanar de nuestro interior.” Es más, el poeta alemán Gottfried Benn, dijo: “Equivocarse y, sin embargo, continuar creyendo en su interior, esto es el hombre, y más allá de la victoria o la derrota, su gloria.” Ahora mueve usted.


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